Visita a la Mina del Morro de Bilbao

Mireia Viladomiu

Mireia Viladomiu

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Haciendo limpieza en el ordenador me he encontrado esta foto. Somos el grupo de técnicos e ingenieros que visitamos la Mina del Morro de Bilbao hace ya unos tres años. En la foto, entre otros, mi socio Iñaki Izarzugaza (Espiral), Javier González de Durana (el hasta hace poco, director del Museo Balenciaga) y yo, la que escribe, en el centro.

Para esta visita fuimos invitados por dos técnicos del Ente Vasco de la Energía porque querían que algún técnico en museología valorase la posibilidad de acondicionar la mina para posibles visitas. Del interior, como es lógico, no tengo fotografías porque era un lugar oscuro y sobre todo, porque teníamos que estar pendientes donde poníamos el píe. Había zonas anegadas por aguas freáticas y que había que bordear y sortear ¡hasta medio metro!

De todas maneras, lo que más me impactó de esa visita fue la zona más profunda de la mina, de aspecto catedralicio por su altura bestial y por tener los pilares de sostén (de la propia roca) que recordaban a una sala hipóstila. Sobre esta gran nave se ha construido el más reciente de los barrios de Bilbao, Miribilla, lo cual, no dejaba de ser sobrecogedor pensar que si en ese momento la roca que se cernía sobre nuestras cabezas se resquebrajara, podrían caer a plomo, algún que otro autobús urbano o el expositor de algún ultramarinos, o algún transeúnte.

Nuestros guías nos contaron que de niños, cuando la mina ya estaba cerrada, solían entrar en busca de pirita de hierro para sus colecciones de mineral ¡Que pena! Esto ya no va a ser posible. Cómo nadie drena la mina, el medio metro de agua ha duplicado su altura, y hoy ya ni como VIP, ni como técnico se puede acceder.

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